viernes, 26 de diciembre de 2014

NAVIDAD, UNA FIESTA PAGANA MAS


LA VERDADERA  NAVIDAD 
EN LOS ANDES
Humanicemos estas fiestas cristianas, alejemos del consumismo perjudicial al medioambiente
Jahuacocha
Corrales de Jahuacocha
Corrales de Jahuacocha
 
Don Vidal Laurente camino a Jahuacocha
Jawuacholo

Aquel año del mes de diciembre, frisando los 12 años,  luego de la clausura escolar, todos los niños y niñas retornábamos ansiosos a nuestros hogares para estar  al lado de la familia y cumplir tareas propias de nuestra edad; la ocupación en el pueblo: crianderos, agricultores  y pequeños comerciantes, en algunos casos las tres opciones juntas en una sola familia.


Por esta época  del año,  los comuneros ocupados en la preparación de la tierra para el correspondiente sembrío, por zonas establecidas, para lo cual, previamente abonadas directamente por las manadas1 de ovejas o caprinos en majareadas2, abono ecológico  que aplicaban antes de sembrar cualquier chacra, luego de ese proceso, cumplido la tarea,  las manadas con sus cabecillas3 por delante, se trasladaban a los corrales establecidos en las punas de Jahuacocha, Turpa, Matibamba, Caracocha, Wanconga o Solin, según la preferencia  de los dueños.

Ovejas camino a Wauyan
Eran épocas de bonanza en el pueblo, aunque noviembre – diciembre, solían decir “malgaykila”; habían varios crianderos prósperos de ganado vacuno, ovino y caprino,  hasta caballar. En esta oportunidad solo trataremos a los crianderos de ovejas y caprinos, quienes poseían la mayor cantidad de dichos animales, denominados “cabecillas”,  ellos decidían conjuntamente con los  demás crianderos en menor proporción, el turno de pastoreo de las manadas, entre los cabecillas que sobresalían por la cantidad de ganado eran Don Sixto Álvarez con sus 400 ovejas en la punas de Caracocha,  Doña Pía Esteban con 200 ovejas entre las estancias de Tuctu y Turpa, don Silvino Albronoz  con 300 ovejas en Jahuacocha-Rodeo , Doña “Eupa” con sus 200, ovejas entre Wamanmarka y Jahuacocha - Rodeo, Doña Basilia Rivas  con 200 entre Caracocha y  Machay, don Gaudencio Caquipoma con 200 ovejas entre  Matta y Solin, Don Presentación Esteban con 200 cabras en las estancias cercanas del pueblo, no todas las manadas de ovejas o caprinos bajaban para dichas majareadas, sólo algunas. Lo mismo se hacía en todas las chacras de los fundos de Rara y Rucmis.

Las pocas ovejas de mi madre doña Salumina Gonzales Ibarra y de otros wacheros4 engrosaban  la manada de doña “Eupa”,  mi madre siempre poseía la menor cantidad de ovejas, un promedio de 10  entre borreguitas lanudas con sus críos, uno que otro carnerito, que apenas crecían lo sacrificaban para la pachamanca de alguna fecha importante en la familia,  solían decir “para gasto”, una especie de caja chica. La mayor atención en mi familia generaba los vacunos que mi señor padre don Virginio Bernabé Gamarra poseía en mayor proporción.
  
Aquella fecha,  la manada de doña “Eupa” se encontraba en Wamanmarka, estancia a unos 5 km. encima del pueblo, a la espera de ayudantes para ser  trasladado hacia  Jahuacocha - Rodeo, distante a 20 km. atravesando punas, quebradas y ríos; ni bien se llevó a cabo la clausura en la escuela, me asignan esa responsabilidad. 

Los perros pastores hacen su papel
Era  24 de diciembre, muy de temprano, apenas raya el alba, emprendimos  viaje, cargando a los burros las pertenencias propias de los pastores para largas estadías en la puna.

Muy de mañana, la caravana se dirige desde Wamanmarka por las faldas del cerro Santa Cruz en plena lluvia, mi condición de adolescente me permite arrear las ovejas con facilidad, subo y bajo los caminos sin dificultad, las ovejas embelesadas en buscar pasto fresco que escasean por esta época, se resisten; chicote en mano espanto para que aceleren el trayecto, Don Vidal va adelante con las ovejas grandes y las guías, yo les sigo con los demás, la carga de los burros vienen posterior con doña “Eupa”, la travesía se hace tedioso por la subida y el hambre de las ovejas, que no cesan de comer a cada paso; para completar la odisea del viaje, hay borregas preñadas que no se mueven a la velocidad de las otras. 
Típica campesina de estos lares

Aun así,  entre todas esas dificultades, se suma la espesura de la neblina, propia de la época; doblamos la esquina de Santa Cruz, a partir de allí el camino desciende hasta Wauyan, zona de arbustos y espinas por excelencia.

El descenso no tiene mayores dificultades, mientras cesa la lluvia momentáneamente, excepto por la abundancia de arbustos, donde se esconden los corderos cansados y fácil presa de los zorros que a la distancia nos seguían, escondiéndose  entre matorrales y pedregales, los perros pastores los mantenía a raya. Así llegamos a  la Estancia de Putaka, para ingresar a la tupida vegetación de arbustos  y espinos de Wauyan y Liriopampa; la caravana no se detiene, todos comemos mientras caminamos, el tiempo apremia, nuestro refrigerio está compuesto de porción de cancha con queso duro, de esos que guardaron como para esta  ocasión, y de refresco el agua de  cualquier manantial que a cada paso  se presenta.

Wauyan
Entre el coro de baladas de las ovejas y corderos que saltan cada vez que llegan a los claros, salimos airosos  de esa intrincada vegetación de Wauyan. Se facilita nuestro camino cuando llegamos a la playa de Sogo Ragra, a partir de aquí seguimos camino por borde del rio Achin, que sus aguas llevan cierta turbiedad. 


Al llegar al río Turpa, nuestra situación se complica, el rio ha crecido y no son apropiadas para el paso de las ovejas, tampoco estos animales son adictas a mojarse con facilidad, muchas poseen abundante lana. 
Rio Achin por su paso por Soggo Ragra

Luego de duros esfuerzos logramos pasar a algunas borregas madres, eran las “guiadoras”, el resto de la manada le siguieron con facilidad, no les importo saltar sobre las corrientes del río ni a los remolinos, simplemente se aventaron presurosos, luego pasamos el rio chimbando con los últimos corderos en brazos. En este tramo del trayecto, entendí prematuramente aquel dicho popular  “siguen como borregos…”, esa tendencia de muchos a actuar como ovejas, sin darse cuenta siguen sin importar las consecuencias, como si no tuvieran una mente racional.

Mientras atardecía, aquel día lluvioso, la caravana avanzaba lentamente luego de pasar el rio con mucha dificultad,  las ovejas lanudas  y mojadas  chorreando de agua caminaban a duras penas, el hambre y el cansancio se acentuaba cada vez más en mi adolescente cuerpo.

Cuando la noche se asomaba temerariamente, cruzábamos el puente  Pukasaka, luego, en un lugar apropiado al otro lado del río,  levantamos nuestro campamento.  Tenemos que descargar los burros antes que la noche nos sorprenda. Lo que prioriza doña “Eupa”  en su condición de mujer y madre, encargarse de preparar los alimentos para la cena reparadora, consistente en sopa caliente con trozos de carne  de cordero y papitas sazonado con salsa de chinchu y rocoto, y cancha a discreción.

Compuerta de Pukasaka
En la penumbra de la noche,  rugen las aguas del rio armonizadas con el balar de las ovejas y corderos en busca de sus madres para amamantar; así me quedo dormido profundamente por el cansancio teniendo como fondo musical aquella mezcla de sonidos casi celestiales.

La mañana del 25 de diciembre, muy temprano doña “Eupa” nos sirve  el desayuno consistente en cafecito de cebada caliente, con machka5 de trigo revuelto en manteca caliente, ante tanta delicia, doblo la ración. 

Puente de Pukasaka
Desde aquí a Jauacocha-Rodeo, es poca distancia,  aunque la travesía sigue de dificultoso por lo accidentado del terreno. Finalmente llegamos al destino previsto, el paisaje está cubierto de blanco desde Rodeo hasta las nieves perpetuas del Yerupajá y Jirishanca que se divisan a lo lejos, los demás crianderos dicen, está nevando desde hace varios días.

Grata experiencia compartida durante mi adolescencia, percibiendo las vivencias propias de estas comunidades en su verdadera magnitud, la misma que traslado para que las generaciones venideras perciban que los niños andinos no hemos entendido la navidad como hoy se practica hasta en  estos lugares remotos por su condición consumista y alocada como hoy. Nuestro regalo navideño, era la dicha más sublime de estar en contacto con la propia naturaleza.
Pacllón

Durante la  navidad,  en el pueblo, los parroquianos solían acudir a la iglesia por la noche,  escuchaban canticos al “niño manuelito”, luego  las familias se reunían como en cualquier fecha, sin ningún bullicio ni parafernalia.

Posteriormente, por la década de los sesenta don Arnaldo Carrera, que cada navidad retornaba al pueblo desde Lima donde radicaba, traía consigo y vendía en su casa en pequeña proporción los denominados panetones “bizcochos grandes” solíamos decir. Por esos tiempos, las mismas costumbres de las ciudades se iban trasladando paulatinamente con todos sus defectos y bondades. Aquellos, eran tiempos de los saludos y parabienes expresados en tarjetas alusivos que a través del correo postal a nivel nacional llegaba hasta el domicilio del destinatario.
Don Arnaldo Carrera

A finales de la década de los ochenta, me toco compartir la navidad en Europa, cuna de muchas de nuestras costumbres que nosotros hoy practicamos. Aquella navidad, con ciudades cubiertas de nieve, con escaparates solo simbólicos y sin bullicio, sin panetón ni chocolate; me hizo recordar una de mis experiencias con nieve en Jahuacocha, como las comentadas líneas arriba. Naturalmente, es propio  de los pueblos de estas latitudes, hábitat natural del hombre blanco, de los renos y pinos, donde la temperatura normal por esta época está siempre por debajo de cero grados, soporté sin dificultad los - 20 °C, en los denominados “duro invierno”.

La ultima chocolatada por navidad que organizamos en la comunidad “NAVIDAD DEL NIÑO DEL HUAYHUASH – 2004”, invitamos compartir a los niños del pueblo, para lo cual hicimos una colecta entre amigos y conocidos recaudando juguetes y presentes para regalarles a los niños y niñas. Errado o acertado esta actividad fue un éxito, donde convocamos a alrededor de 300 niños.
Típica choza de pastores

En estos tiempos modernos y globalizados, somos parte  de un sistema de sociedad mercantilista, donde nuestros hábitos y costumbres se han universalizado, afianzados en el consumismo, distorsionando nuestra realidad, reflejado hasta en las comunidades más remotas, permitiendo borrar nuestras propias vivencias andinas. 

Hoy la navidad en las ciudades es una fiesta pagana más, bulliciosa, con juegos de luces artificiales y pirotécnicos atentatorios al medio ambiente, con presentes sofisticados y fantasiosos para los niños que les limitan su imaginación y creatividad, e intercambio de regalos y saludos hipócritas, que hasta en las redes sociales se repiten mecánicamente, cual robots o aliens, mientras la humanidad cada vez pierde su condición de tal.  Cada quien es libre de aceptar o rechazar.   
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1) manadas, conjunto de ovejas que sobrepasan el ciento
2)majareadas, proceso por el cual el terreno de cultivo es abonado antes del sembrío directamente por manadas de caprinos u ovejas
3)cabecilla, persona que posee la mayor proporción de caprinos u ovejas.
4)guachero, crianderos que poseen en menor proporción caprinos u ovejas en las manadas.
5) machka, harina de trigo integral.


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